Estamos ante un campo perfectamente consolidado y punto de referencia en el desarrollo del golf en la Costa Blanca. Diseñado y construido sobre un paraje natural con espectaculares y únicas vistas sobre el mar Mediterráneo.
Un diseño muy cuidado que ha sabido adentrarse en la zona montañosa donde las vaguadas y las ramblas forman parte de su cuerpo junto con una vegetación exuberante, sobre todo gracias a los pinos existentes en todo el recorrido.
Los árboles le proporcionan personalidad propia y, al mismo tiempo, se convierten en una dificultad añadida. Los frondosos pinos mediterráneos saben acompañar al jugador con generosidad y le provocan dificultades cuando se despista. Ofrece, desde numerosos lugares, unas vistas magníficas al mar Mediterráneo, el aire goza de toda libertad y dispone de abundantes zonas de sombra que hacen de este campo un lugar agradable para la práctica del golf incluso en los meses más calurosos del año.
Es un campo que deja huella en los jugadores. Para saber jugar en él hay que pensar más de dos veces el golpe a realizar. Disfrutar consiste en vencer al campo en un extraordinario escenario. Durante el recorrido por los 18 hoyos el jugador tendrá que afrontar golpes realmente difíciles donde no sólo es importante la ejecución sino el resultado final de los mismos. Situaciones provocadas por su relieve montañoso y sus espectaculares vaguadas que hay que superar con destreza o, si se quiere, con golpes de precisión.